«Envenenar a un perro, atacar una casa o sembrar el miedo nunca puede ser parte de la vida pública. La política es debate, desacuerdo y diálogo, pero nunca violencia o crueldad», dijo.
El PSOE de La Zarza-Perrunal también condenó el acto, calificándolo de síntoma de una «política ultrapolarizada» que amenaza la armonía social: «Esto recuerda un período muy oscuro de nuestra historia que no debe repetirse nunca».
Una comunidad sacudida
El envenenamiento no solo se ha cobrado la vida de un inocente, sino que también ha afectado al núcleo del tejido social de la ciudad. Muchos residentes temen que la polarización política se convierta en actos de violencia personal.
Para Domínguez, la pérdida de su perro es tanto una tragedia personal como un símbolo de lo lejos que puede llegar la división. «Hoy en día no se trata de colores políticos», escribió un partidario. «Se trata de humanidad, respeto y justicia».
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